Protoceratops: aquel que usaba su placa roja para el combate

Nombre: Protoceratops
Dieta: Herbívora
Peso: 800 libras
Periodo: Cretácico Superior
Encontrado en: Asia

El Protoceratops fue un género de dinosaurios que estuvo habitando en nuestro planeta durante el periodo jurásico (hace unos 75 millones de años atrás). Este género se le ha clasificado dentro del grupo de dinosaurios ceratopsianos protoceratópsidos.

Este género habría tenido el tamaño de una oveja, pues medía aproximadamente entre el metro y medio y los dos metros. También cabe resaltar que tampoco pesaba mucho, apenas unos 60 kilogramos.

La principal característica de estos dinosaurios fueron sus cuernos, pues son de los primeros que se conocen que tuviesen cuernos. Se deduce que habrían habitado en manadas debido a la enorme cantidad de restos de Protoceratops hallados juntos.

¿Quieres saber más? A continuación te mostraremos una información sobre el Protoceratops muy completa. ¡Quédate con nosotros y sigue leyendo para descubrirlo todo acerca de este dinosaurio herbívoro del cretácico!

Taxonomía del  Protoceratops

Familia Infraorden Suborden Orden Clase División Reino
Protoceratopsidae Ceratopsia Neornithischia Ornithischia Sauropsida Chordata Animalia

La clasificación taxonómica de este extinto animal se puede desglosar de la siguiente manera:

  • Reino de este espécimen: Animalia
  • Filo de esta criatura: Chordata
  • Clase de este dinosaurio: Sauropsida
  • Superorden de este ejemplar: Dinosauria
  • Orden de este animal: Ornithischia
  • Suborden de este dinosaurio: Neornithischia
  • Infraorden de este espécimen: Ceratopsia
  • Familia del ejemplar: Protoceratopsidae
  • Género del dinosaurio: Protoceratops

Historia del Protoceratops

Este animal pertenece a todo el conjunto de dinosaurios que fueron los primeros que llegaron a presentar cuernos en sus estructuras, por lo que resulta bastante interesante estudiarle de forma detenida y con fascinación.

Dibujo de un Protoceratops

No obstante, los cuernos que poseía este animal en su rostro, no se encontraban tan desarrollados como los imaginamos principalmente, de hecho se podría decir que hasta eran incompletos, pero se presentaban de igual forma, lo curioso es que otros ejemplares de años posteriores si presentaban estos cuernos con mucha mayor dimensión.

¿Sabías qué?...
La longitud de este ejemplar no pudo ser mayor a los 200 centímetros, por lo que se puede deducir también debido a ello, que su dieta se basaba en el consumo de vegetales que extraía de forma exitosa del rudo entorno en el que vivía, un entorno que hoy en día conocemos como el país de Mongolia.

Este espécimen también mostraba una gola de tamaño considerable en la zona donde se situaba su cuello, por lo que los científicos más experimentados llegaron a presumir de que se trataba de un recurso de defensa que el animal utilizaba en casos de alerta.

Sobre todo cuando un animal deseaba convertirlo en su alimento del día, además de ello, se sabe que también le dieron un uso diferente, el de demostrar superioridad ante otros ejemplares de su manada, e incluso servía como parte estructural para que la mordida de su mandíbula fuera mucho más potente y agresiva.

Justo tres años después de iniciada la década de 1920, un científico de prestigio mundial identificado como Granger, se encargó de realizar la reseña del animal realizando un gran esfuerzo, de forma conjunta con otro investigador famoso conocido como Gregory, quienes además se encargaron de informar a la comunidad científica de que este ejemplar era nada más y nada menos que un pariente cercano y directo de los famosos ceratopsianos que habitaron en la zona que hoy identificamos como América del Norte.

Después de estos dos científicos, otros paleontólogos en busca de gloria y de aportar su grano de arena al mundo de la ciencia, se embarcaron en una aventura de investigación, por lo que sus esfuerzos dieron resultados y llegaron a detectar a dos especies adicionales, una de ellas es identificada como Protoceratops andrewsi, mientras que la otra es mayormente conocida bajo la denominación oficial de Protoceratops hellenikorhinus.

Mientras tanto, justo 20 años después de iniciado el siglo XX, un investigador identificado bajo el nombre de Chapman Andrews, tuvo la fortuna de localizar un conjunto de nidos que conservaban en su interior una serie de huevos.

Todo ello se llevó a cabo dentro del país de Mongolia, por lo que posteriores estudios demostraron que en realidad se trataban de ese mismo animal, no obstante, ese fue un error que más tarde iba a ser corregido para luego ser asignados a un ejemplar identificado como Oviraptor.

Características del Protoceratops

¿Sabías qué?...
Este ejemplar pudo tener una longitud máxima de casi 2 metros, siendo más exactos, un total de 180 centímetros, mientras que solo podía llegar a poseer 0,6 metros de altura, cuyo volumen era de aproximadamente 60 kilos.

El Protoceratops probablemente era un animal que gustaba de vivir protegido por la manada, dicho comportamiento explicaría muchos de los misterios que hasta la actualidad existen, esto se presume debido al hallazgo realizado en el que se encontró numerosas estructuras óseas juntas.

Esqueleto de un Protoceratops

Este extinto espécimen era un pariente cercano de otro dinosaurio conocido o identificado bajo la denominación de Leptoceratops, quien resulta ser un ser que también deambulaba por la zona norte del continente americano.

En este ejemplar las diferencias de dimensiones eran también comunes entre machos y hembras, por lo que un científico se encargó de estudiar dicha característica, un científico identificado como Peter Dodson, quien logró detectar que los elementos óseos como el parietal, situado en el cráneo.

Y otro elemento óseo como el escamoso, el cual también se encontraba ubicado en la zona del cráneo, eran de diferente tamaño si es que se trataba de un macho o de una hembra, además resaltó que la edad era un detalle importante que diferencia la jerarquía del animal en la manada.

Este feroz animal debió tener un aspecto bastante terrible, pues sin tener en cuenta que su tamaño no era tan considerable, su cráneo se encontraba recubierto por una extraña placa de cualidad sólida y resistente que probablemente usaba para embestir a sus más terribles oponentes, además de ello presentaba en la zona de su hocico una estructura similar a la de un pico, la cual se encontraba bastante afilada por si llegaba el momento o la oportunidad de tener que realizar cortes a cierto objetivo.

¿Sabías qué?...
En cuanto a su cola podemos observar que era lo suficientemente alongada, además de tener la cualidad de ser robusta, lo que probablemente le daba la opción de ser utilizada para derribar oponentes, por el animal.

Luego de realizar el intenso y cuidadoso trabajo de reconstruir toda la estructura ósea de este ejemplar, al fin podemos comprobar de modo científico de que este animal usaba sus cuatro extremidades para poder moverse de un lugar hacia otro si es que llegaba a necesitarlo.

Como bien mencionamos en párrafos anteriores, la placa llamativa y tenebrosa que este animal poseía, probablemente también era utilizada para los típicos rituales de cortejo, en el que solo los ejemplares de mejores cualidades eran seleccionados por las hembras para poder llegar al proceso de reproducción.

Sobre sus ojos podemos afirmar que es bastante probable que esta haya tenido una longitud no mayor de 50 milímetros, por lo que si le comparamos con el resto de su cuerpo estos eran realmente de una dimensión considerable.

Así que se puede presumir de que eran un recurso que se podía utilizar con mucha frecuencia para realizar el objetivo de buscar comida o de detectar animales que amenacen su ya complicada vida, además contaba con una depresión conocida como fenestra, justo en la zona trasera de donde se situaba dicho elemento ocular.