Megalodón: el depredador de depredadores

En el verano de 1975,  millones de personas en el mundo evitaron mojar los pies en las plácidas aguas de nuestras playas. Históricamente, ese año hubo un descenso en el número de turistas que vacacionaron en la costa.

Esos millones, habían visto poco antes la película “Tiburón”, de Steven Spielberg.

Lo que me hace preguntarme, ¿si un tiburón blanco de plástico tuvo ese efecto en la población, imagínate lo que hubiese sucedido si aún viviera el megalodón?

Megalodón

 

Si eres fan de los dinosaurios y otras grandes criaturas de la antigüedad, sin duda conoces al megalodón, el depredador más grande de la historia. Nada, antes ni desde entonces, se compara con la máquina destructora de este poderoso animal.

Es verdad que ha habido y hay animales más grandes. Varios dinosaurios y la ballena azul que surca nuestros mares actuales le ganan en tamaño al megalodón, no por mucho.

Pero todas esas criaturas eran vegetarianas, herbívoras en la jerga científica. Entre los carniceros sólo hay un rey, el tiburón más grande que se conozca.

¿Realmente existió el megalodón?

Cuando era un chaval, yo creía que el megalodón era uno de esos monstruos míticos, como los dragones y las serpientes marinas. Una criatura más de la imaginación y la fantasía que de la ciencia.

Luego me enteré que, en realidad, habían existido, sin duda alguna. La evidencia está en los muchos fósiles que se han encontrado en los últimos siglos.

Ya en la antigüedad, nuestros ancestros encontraron muchos fósiles de diente de megalodón. Creían, eso sí, que eran lenguas de dragón. Un diente de megalodón puede llegar a medir más de 15 centímetros en cualquiera de sus tres lados.

Fósil de diente de megalodón

Fósil de diente de megalodón.

En los últimos cien años se han descubierto más fósiles de megalodón, especialmente vértebras, alguna casi completa, mandíbulas y muchos, muchos dientes.

Hace no muchos meses estuve frente a uno en el Museo de Ciencias Naturales en Londres, y ya con ver el mentado colmillo se te quitan las ganas de meterte al agua.

Y no es fácil de encontrar fósiles de megalodón. Como sus primos los tiburones, el esqueleto de un megalodón está hecho de cartílago, y no de hueso, por lo que es más difícil que sobreviva el paso del tiempo suficiente como para que se forme el fósil. Aún así, de haberlos, haylos…

Bautizo de este animal prehistórico

Aquellos que primeramente dieron nombre a este gran depredador, no se comieron mucho el coco. Ya que el rastro más común de su existencia eran los grandes dientes, se le bautizó como megalodón, del griego, diente grande. Así cualquiera. Lo curioso es que con su nombre científico hay cierto debate.

En 1667, el naturalista y cura católico danés Niels Steensen, publicó su libro “La Cabeza de un Tiburón Diseccionado”. En él, Steensen afirmó que aquellos dientes que se creían de dragones no eran más que dientes de tiburón, uno muy grande, pero tiburón al fin.

Comparativa de un megalodón con un gran tiburón blanco

Comparativa de un megalodón con un gran tiburón blanco.

Casi dos siglos más tarde, el suizo Louis Aggassiz, bautizó formalmente a nuestro amigo depredador como Carcharodon megalodon,  por considerarlo un pariente de los tiburones blancos. Sin embargo, en las últimas décadas ha surgido un debate sobre la pertenencia al género.

Algunos científicos, como el paleontólogo Robert Fordyce, creen que el megalodón más bien pertenece al género de otros tiburones extintos, y sugieren el nombre de Carcharocles megalodon.

El debate continúa, pero como los nombres científicos de los seres vivos suelen escribirse con sólo la inicial del género, acompañado de la especie, el término C. megalodon satisface a todos.

Dimensiones del megalodón

Ya he dicho que el megalodón es el depredador más grande de la historia, pero no he mencionado sus medidas.

Pues bien, a juzgar por los fósiles encontrados, se cree que un megalodón adulto podía llegar a los 20 metros. Si quisiéramos colgar a un megalodón de uno de esos ganchos para presumir de la pesca, tendríamos que subir el gancho en lo más alto de un edificio de siete pisos o más.

Comparativa-de-un-megalodón-y-un-T-Rex

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Calcular el peso es una labor más compleja, pues el tejido orgánico no se preserva bien con el tiempo. Aún así, utilizando los esqueletos como guía, y comparándolos con las masas corporales de parientes actuales, se cree que un megalodón de 20 metros podría pesar más de 100 toneladas.

Como comparación, una ballena azul, Balaenoptera musculus, puede acercarse a los 30 metros y a las 200 toneladas, pero insisto, ese gigante de los mares es vegetariano.  Un tiburón blanco, Carcharodon carcharias, se queda en seis metros y dos toneladas.

Hábitat

Un depredador del tamaño y capacidad del megalodón, era capaz de vivir en cualquier lado, y así lo hizo. Se ha encontrado evidencia de su presencia en todos los rincones de la Tierra. Del Caribe a Japón, y de las Antípodas a Dinamarca. Era una bestia muy cosmopolita.

Megalodón era un pez que, por sus dimensiones, prefería las aguas profundas. Es muy posible, no obstante, que al igual que sus parientes modernos se acercara a las costas cuando la comida se hacía escasa. La edad era un factor, ya que por su tamaño, los más jóvenes podían pasar más tiempo en aguas menos profundas.

En cualquier caso, allá donde viviera el megalodón, o sea, en casi todos los mares, la fauna se veía afectada negativamente.

Alimentación

Un depredador con el tamaño, la fuerza y la capacidad natatoria del megalodón podía darse el lujo de elegir el menú. Su platillo favorito eran los cetáceos, ballenas y delfines. Al plato principal le añadía aperitivos como las tortugas y los grandes calamares.

Se han encontrado fósiles de estos tipos de animales con claras señales de haber sido atacados por un megalodón. La mordida de su enorme y poderosa mandíbula deja pocas dudas de su origen. Además, en aquellas zonas en las que el megalodón prosperó, se han observado una menor presencia de los animales que solía consumir.

Megalodón atacando una ballena

Megalodón atacando una ballena.

De hecho, es muy posible que algunas especies de cetáceos se hayan extinguido gracias a la labor cinegética del megalodón. No sería ni la primera vez ni la última que un gran depredador acaba con sus vecinos.

Al igual que sus parientes actuales, el gran tiburón blanco, el megalodón no le hacía asco a nada. Es comprensible que un animal de su tamaño necesitará de cantidades colosales de comida para mantenerse vivo.

Si no encontraba alguna ballena o similar durante un tiempo,se conformaba con alimentarse de grandes cantidades de peces de menor tamaño. nada de ensaladas.

Periodo

Los megalodones hicieron su aparición en los mares hace unos 23 millones de años, durante el cenozoico, y se extinguieron 20 millones de años después, en el Plioceno. Es curioso que, cuando este depredador todavía surcaba los mares, nuestra antecesora más célebre, Lucy, se paseaba por las estepas del este de África.

Se cree que el megalodón evoluciono de otro gran tiburón, el Otodus obliqus, que vivió hace aproximadamente entre 50 y 60 millones de años, en el Paleoceno. Entre medias surgió el Carcharocles angustidens, ambos más pequeños que un megalodón, pero considerablemente mayores que un gran tiburón blanco.

Los fósiles de megalodón más recientes datan de hace unos 2.5 millones de años, momento que marca su posible extinción. La razón de dicha desaparición se desconoce a ciencia cierta, pero es muy posible que el enfriamiento global, y en especial el de las aguas, haya sido el culpable.

Fósil de un posible megalodón

Fósil de un posible megalodón.

Las diversas edades de hielo que se sucedieron entre el Plioceno y el Pleistoceno, redujeron considerablemente el nivel de los mares, que seguramente redundó en la escasez de alimento.

También existe la posibilidad de que los cetáceos hayan logrado ya en aquel entonces una adaptación al agua fría, y comenzaran sus migraciones anuales a los caladeros de los océanos Ártico y Antártico. Ahí, es muy posible que se pusieran a salvo del megalodón, que prefería las aguas más templadas.

El poder de un gran depredador

El tamaño importa, y el caso del megalodón es buena evidencia de ello. Ya no es sólo la masa, sino la velocidad que un monstruo de esas dimensiones podía alcanzar, el tamaño de su cerebro, y su gran mordida. 276 dientes en cinco filas eran el perfecto colofón a tan poderosa mandíbula.

Fósil de una mandíbula de megaoldón

Fósil de una mandíbula de megaoldón.

Aquellos que han visto la película Jurassic World recordarán a un megalodón que hacía de mascota en el gran estanque del parque. Cual delfín amaestrado, megalodón se zampaba un gran tiburón blanco sustituto de un arenque.

A pesar de que es pura ficción, megalodón termina convirtiéndose en el héroe de la peli, cuando con un buen salto y sus enormes mandíbulas es capaz de arrastrar al dinosaurio híbrido a las profundidades. Insisto, su comportamiento puede no ser real, pero sí nos da una idea de sus dimensiones y voracidad.

Cazador nato

No nos olvidemos que megalodón es, ante todo, un tiburón. Estudiando a sus descendientes, podemos hacernos una idea de su comportamiento. Pero el viejo gigante llegó más lejos.

Se han encontrado restos de presas con los huesos de la caja torácica aplastados por la mandíbula de un megalodón. Se cree que la intención del depredador era  ir directo matar, y no sólo herir a sus presas en el primer golpe, como suele hacer el tiburón blanco.Megalodon cazando

Más tarde, cuando los cetáceos evolucionaron y crecieron, megalodón tuvo que adaptar su estrategia, que han imitado sus descendientes. Con una ballena de su tamaño o más grande, el megalodón acechaba desde el fondo, y nadaba a gran velocidad hacia la presa.

Con un golpe en las partes blandas podía dejarlo fuera de combate por unos segundos, suficientes para asestarle el golpe de muerte. Otra práctica común con los grandes animales, era simplemente morder y arrancarle una de las aletas, con lo cual destruía su capacidad de escape.

Cabe mencionar, que la mandíbula del megalodón tenía una capacidad de mordedura de entre 15,000 y 30,000 kilos, la más poderosa que se conozca. Difícilmente podría resistir un hueso a tal fuerza.

El peligro acecha

Para casi cualquier habitante de las profundidades en el Paleoceno, un encuentro con un megalodón sería mortal. Sólo se salvaban las criaturas más pequeñas. Una vez frente a él, poco se podía hacer. El peligro siempre acechaba para las presas potenciales del megalodón.

Al igual que los tiburones actuales, el megalodón era un cazador consumado, experto en el arte del acecho, del ataque a traición. Ni los antiguos ni los modernos tiburones atacan de frente, siempre por detrás, y de ser posible, de abajo a arriba.

La táctica funciona, pues bien sabemos que estos animales están entre los depredadores más eficaces de la naturaleza. Son temidos por todos, y con razón.

¿Es posible que aún exista el megalodón?

Posible lo es todo, pero que existan aún los megalodones en nuestros mares es harto complicado. Es verdad que, en ocasiones, se han encontrado ejemplares de animales que se creían extintos, como el celacanto, pero estamos hablando de un pequeño pez, y no de un gigante.

Cuando era pequeño, se creía que la ballena azul estaba extinta, y en la actualidad se cree que hay una población de más de 3,000, aunque son muy difíciles de avistar.

Lo que sucedió es que nuevas tecnologías de sonar y otros sistemas de detección nos han ayudado a localizar a estos grandes animales. Ballenas sí, pero hasta ahora no se ha encontrado ningún megalodón vivo. Lo que veas en la red son falsificaciones, o simplemente tiburones blancos muy grandes.

Si de verdad alguien encontrara un megalodón vivo, sería la noticia científica del siglo.

Una foto falsa de megaolodón

Una de las muchas “fotos” falsas de megalodón…

Continuamente hay noticias de supuestos megalodones avistados, o de animales que presentan supuestas heridas que harían pensar en el ataque de un megalodón. Pero como suele suceder en estos casos, son sólo rumores,y/o exageraciones.Fake news”, les llamarían ahora.

He surcado los mares de internet y me he encontrado con muchísimas páginas que hablan de avistamientos, incluso de supuestos vídeos. Son tan falsos que no vale a pena visitarlos. No pasan de ser páginas con titulares “clickbait” para atraer tráfico.

Lo malo es que estás paginas han conseguido que el megalodón entre en la categoría de criaturas míticas, como las sirenas, las serpientes marinas y otras. Megalodón existió, sí, pero hace ya muchos, muchos años. No hay una sola pieza de evidencia que pruebe su existencia en esta época.

Vamos a la playa…

Es posible que después de leer este artículo a más de uno se le quiten las ganas de mojar los pies en nuestras costas este verano. Motivos no faltan, pero creo que deben estar enfocados más al tiburón blanco que el megalodón.

Al menos a mí se me ocurre que, si me encontrara a uno de esos feroces depredadores de la prehistoria, mi desaparición sería menos dolorosa.

Un megalodón seguramente me tragaría entero y moriría ahogado en sus entrañas. En mi humilde opinión, sería mucho mas doloroso un encuentro con un gran tiburón blanco. Ese tendría que despedazarme antes de engullirme, no gracias.

Pero vamos a la playa. Es más, si nos interesa el megalodón, ¿no sería excitante ser el primero en ver a uno vivo? Jeje, dudo que suceda, pero soñar no cuesta nada.

Conclusión

El megalodón fue el más poderoso depredador de la historia. Nada en la categoría de carnívoros se le acerca en su capacidad para cazar. Hay mucha evidencia de su existencia, y seguramente en el futuro encontraremos más, y lograremos hacernos una mejor imagen de este gran escualo, de sus costumbres y de su hábitat.

A pesar de no ser un dinosaurio, ni siquiera convivió con ellos, megalodón suele entrar en la misma categoría que los terribles lagartos. Uno más de los titánicos y agresivos depredadores que dominaron la Tierra, o en este caso, los mares. También ha entrado en nuestra imaginación, en nuestros miedos.

Lo mejor de todo, es que ya no existe, y que es una buena razón para adentrarse en el mundo de la prehistoria. Aquella Tierra de hace millones de años en los que gigantescas criaturas eran los mandamases, mucho antes de que naciera la especie humana.

Megalodón, el más terrible de las bestias, el depredador de depredadores, ya tiene su lugar en la historia, y bien merecido lo tiene.